miércoles, 11 de julio de 2007

Madrid -Impresiones-

En un principio, esta entrada iba a llamarse "Por qué Madrid mola más que Las Palmas". Sin embargo, al ahondar en las entrañas de la capital, uno aprende a apreciar lo que tiene, sin decir que Madrid sea un asco, ni muchísimo menos.

Y en este segundo párrafo, iba a enumerar los motivos por los que Madrid, supuestamente, mola más que Las Palmas. Por supuesto, no va a ser así. Hablemos de qué ha significado para un servidor su quincena en la capital española, de la gente a la que he conocido (más) y de lo que he hecho.

Básicamente, el viajecito ha sido un coñazo. Simple y contundente. Sin embargo, esta negatividad se ve empañada por el segundo y último fin de semana en los madriles, dos días en los que salí con los miembros del Ni y descubrí sobre mí mismo cosas que no imaginaba que fueran a ocurrir, por lo cual debo decir que, a fin de cuentas, el viaje ha valido la pena. Descubrimientos de los cuales no hablaré, por supuesto. Al menos, de momento.

Como citar a todo el mundo sería un auténtico coñazo, sólo diré que son todos mu majetes y blah, blah, blah... a decir verdad, no tengo quejas de nadie, todo el mundo se ha portado bien conmigo y me ha guiado en la medida de lo posible. Debo hacer una mención especial a una persona, la cual, si lee estas líneas, sabrá quién es, por los momentos que he pasado con ella.

Desde Ransil hasta Domi, desde Bhiisrak hasta Gata, ahí he conocido a todo dios y mortal al que pueda pisar con mi bota (xD). Por primera vez en mucho tiempo, me he sentido en mi salsa. Podía soltar frikadas a tutiplén sin que me tiraran piedras, todo un hecho sin precedentes.

Mi llegada a Madrid, que debía producirse el día 26 de junio a las 23:00, ocurrió a las 02:30 del día 27. Cortesía de nuestros geniales aeropuertos, en los que nunca se producen retrasos.

A los dos días de mi llegada asistí a la primera quedada. Esperaba un comité de bienvenida con banderitas y todo, y me encontré conque Ransil y Emperor me estaban esperando con cara de aburrimiento en la estación de metro. Mis expectativas fueron colmadas xD La acumulación de gente dejó como resultado la presencia de Ran, Emperor, Chechu, Bhiisrak, Anubis, Eloië, Master, Panzer, Vórima, Joanne, Khelpie, Guy, Ice, Muxed y probablemente más foristas que me asesinarán por haberlos dejado en el tintero. Fue un día interesante: comida en el japo, caminatas molonas, nuevos apodos de dudoso honor para mi persona... Y la siguiente quedada no se produjo hasta más de una semana después. Una amiga del foro venía de Toledo hasta los Madriles y, cómo trenes como este sólo pasan una vez (no interpretar la frase con el doble sentido que buscarán los adolescentes más cachondones, aunque a decir verdad...) un servidor aprovechó los dos días para ver a ese trozo de pan que es la susodicha amiga. Y en ella quiero hacer especial hincapié.

Mis ánimos tras la primera semana estaban bajo mínimos. Me aburría un montón, tuve un encontronazo con la persona con la que menos guerra quiero tener, y además se me caía el mundo encima por acumulación de responsabilidades. La presencia de esta persona fue un verdadero impulso para mi estado anímico. En este aspecto, debo dar las gracias.

Debo decir que ha sido uno de los mejores, si no el mejor, fin de semana de mi vida. Todos se han portado de puta madre con este díscolo y marciano canarión que no se enteraba de nada en la capital. En ocasiones, me pregunto como sería el tono de mi vida sin la presencia del Ni. Probablemente, sería un ente inerte. A todos, gracias. Adiós y hasta siempre.

viernes, 6 de julio de 2007

Y que luego hablen mal de los chicharreros...


28 Días Después (Danny Boyle, 2002) fue una de las mayores sorpresas que dio el cine británico en el susodicho año. Aparentaba ser la típica película de zombis con mala baba, para ser realmente un drama de terror que ofrecía una siniestra y malsana visión de la condición humana. Debido a su enorme éxito (cuya llegada no era difícil, ya que la película costó sólo 10 millones de dólares, contando gastos publicitarios) la realización de una segunda parte no era una idea tan distante.

Cuando esta secuela no era más que un esbozo, lo más sorprendente (y sugerente en nuestro país) que se supo fue la noticia que decía que el director Juan Carlos Fresnadillo (Tenerife, 1967) sería el encargado de realizar 28 Semanas Después (2007). Tras ver la interesante Intacto (2001), y los estupendos cortometrajes Esposados (1996) y Psicotaxi (2002, por el que fue nominado al Oscar), el resultado que cabía esperar era mínimamente bueno. Y tanto afortunada como previsiblemente, así ha sido.

Con una dirección magnífica, unas geniales interpretaciones (a destacar las de Robert Carlyle, Imogen Poots y Rose Byrne, sin olvidar las de Jeremy Renner, Mackintosh Muggleton y Catherine McCormack), una apropiada banda sonora y, en especial, un clima agobiante y una violencia que llega ocasionalmente al gore (mucho mayor que en la primera parte), 28 Semanas Después se convierte en una de las películas más destacables de lo que llevamos de año 2007, al perfecto nivel de su antecesora.

El prólogo, con una duración cercana a los 20 minutos, ocurre a la par temporal del despertar de Jim (Cillian Murphy) en 28 Días Después, y nos cuenta la huida de Don (Robert Carlyle) de unos rabiosos que destrozan el refugio que compartía con su mujer y otros cinco supervivientes. Tras este arranque (enormemente frenético) la acción se transporta a un centro de refugiados en una zona segura de Londres, donde nos enteramos de que Inglaterra tiene tan sólo 15.000 habitantes después de la epidemia.

Con más presupuesto que su predecesora, 28 Semanas Después nos brinda, de forma abundante, unas escenas de acción enormemente espectaculares (y angustiosas, para qué negarlo). Este último detalle se ve acrecentado por la costumbre de Fresnadillo de mover la cámara de un lado a otro con mucha rapidez. Dificultándonos el visionado de la escena y aumentando, por consiguiente, la angustia del espectador al no saber a ciencia cierta que está ocurriendo.

Además, la violencia ya no es una sugerencia, sino una realidad. Con esto, quiero decir que, mientras que en 28 Días Después veíamos a los rabiosos lanzándose sobre los supervivientes, en esta segunda parte tanto se lanzan como luego machacan, y no de forma precisamente rápida, sino con saña y enorme odio, sentimiento que, a fin de cuentas, es la verdadera afección de los infectados.


Puntuación final: 9,5/10

Aunque su extrema violencia echará atrás a hematófobos y gente sensible en general, se trata de una estupenda película que cumple sobradamente todos los requisitos para gustar al buen cinéfilo y engatusar a los seguidores del género. Una imprescindible.