
28 Días Después (Danny Boyle, 2002) fue una de las mayores sorpresas que dio el cine británico en el susodicho año. Aparentaba ser la típica película de zombis con mala baba, para ser realmente un drama de terror que ofrecía una siniestra y malsana visión de la condición humana. Debido a su enorme éxito (cuya llegada no era difícil, ya que la película costó sólo 10 millones de dólares, contando gastos publicitarios) la realización de una segunda parte no era una idea tan distante.
Cuando esta secuela no era más que un esbozo, lo más sorprendente (y sugerente en nuestro país) que se supo fue la noticia que decía que el director Juan Carlos Fresnadillo (Tenerife, 1967) sería el encargado de realizar 28 Semanas Después (2007). Tras ver la interesante Intacto (2001), y los estupendos cortometrajes Esposados (1996) y Psicotaxi (2002, por el que fue nominado al Oscar), el resultado que cabía esperar era mínimamente bueno. Y tanto afortunada como previsiblemente, así ha sido.
Con una dirección magnífica, unas geniales interpretaciones (a destacar las de Robert Carlyle, Imogen Poots y Rose Byrne, sin olvidar las de Jeremy Renner, Mackintosh Muggleton y Catherine McCormack), una apropiada banda sonora y, en especial, un clima agobiante y una violencia que llega ocasionalmente al gore (mucho mayor que en la primera parte), 28 Semanas Después se convierte en una de las películas más destacables de lo que llevamos de año 2007, al perfecto nivel de su antecesora.
El prólogo, con una duración cercana a los 20 minutos, ocurre a la par temporal del despertar de Jim (Cillian Murphy) en 28 Días Después, y nos cuenta la huida de Don (Robert Carlyle) de unos rabiosos que destrozan el refugio que compartía con su mujer y otros cinco supervivientes. Tras este arranque (enormemente frenético) la acción se transporta a un centro de refugiados en una zona segura de Londres, donde nos enteramos de que Inglaterra tiene tan sólo 15.000 habitantes después de la epidemia.
Con más presupuesto que su predecesora, 28 Semanas Después nos brinda, de forma abundante, unas escenas de acción enormemente espectaculares (y angustiosas, para qué negarlo). Este último detalle se ve acrecentado por la costumbre de Fresnadillo de mover la cámara de un lado a otro con mucha rapidez. Dificultándonos el visionado de la escena y aumentando, por consiguiente, la angustia del espectador al no saber a ciencia cierta que está ocurriendo.
Además, la violencia ya no es una sugerencia, sino una realidad. Con esto, quiero decir que, mientras que en 28 Días Después veíamos a los rabiosos lanzándose sobre los supervivientes, en esta segunda parte tanto se lanzan como luego machacan, y no de forma precisamente rápida, sino con saña y enorme odio, sentimiento que, a fin de cuentas, es la verdadera afección de los infectados.

Puntuación final: 9,5/10
Aunque su extrema violencia echará atrás a hematófobos y gente sensible en general, se trata de una estupenda película que cumple sobradamente todos los requisitos para gustar al buen cinéfilo y engatusar a los seguidores del género. Una imprescindible.
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