
Se acabó. Guerra civil. Hamás ha asaltado un complejo de seguridad controlado por Al Fatah, leales al presidente Mahmud Abbas. Once muertos dan el pase definitivo al comienzo oficial de una guerra civil en Palestina, por si no fueran ya suficientes los problemas bélicos con Israel.
Lo más triste es que si los palestinos quieren encontrar al culpable de todo esto, no tienen más que mirarse al espejo. Y es que no es excesivamente coherente votar a un grupo terrorista para el control del país, esto es, está demostrado que la violencia en Oriente Medio no ha llevado a nada. Sin embargo, las negociaciones entre Abbas con el ya moribundo ex-presidente israelí Ariel Sharon se vieron empañadas por la corrupción del primero que, a pesar de intentar suprimir el odio entre israelíes y palestinos mediante la diplomacia, no dio ni alimentos ni una sanidad decente a su pueblo. Mirado desde esta perspectiva, también vemos la cara de Abbas en el espejo.
200 milicianos atacan un cuartel en el cual se encuentran 500 personas que no están ni de lejos tan armados como aquellos, matando, como ya dije, a once personas, e hiriendo como mínimo a otras 30. Alguien que esté informado lee esto y piensa: "Bah, pero esto es el pan de cada día". Cierto, lo es, pero no deja de ser la gota que ha colmado el vaso.
Palestina no ha tenido una historia agradable, como tampoco la han tenido sus enemigos judíos. Israel les quita el país, ellos responden con las armas, los israelíes les siguen la corriente y se enzarzan en una guerra sin un final factible. Los niños, tanto de mi edad como también chavales de nueve años, son educados en ambos países para odiar al prójimo y, si pueden, volarse en mil pedazos dentro de un autobús. Siempre que mates a tantos enemigos como sea posible, por supuesto. Si a toda esta mierda le sumas la guerra civil que va a adoptar ahora dimensiones insospechadas, la posible intervención de Israel y, ante todo, la más que posible (y nefasta, visto lo visto) entrada de Estados Unidos en el conflicto, la X de la ecuación sólo puede dar un valor: el olvido. La muerte. La destrucción. Llámalo como quieras, la cantidad de muertos será la misma.
Lo único que se puede hacer es desear que salga una cabeza pensante entre tanto subnormal.
Y es que ya se dijo: "Tanto gilipollas y tan pocas balas".
3 comentarios:
Otro que se hace un blog y no me lo dice!! vale, ahora se que ya no existo U_U. Te linkeo ahora mismo al mío ^^ y actualiza!! ;)
... Balin Fundinul Uzbadkhazaddumu...
Te corrijo la última frase:
Tanto gilipollas... y demasiadas balas.
No, lo de tan pocas balas lo digo porque YO no tengo suficiente armamento como para cargarme a los cabrones que mueven los hilos.
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