No escribo con la intención de dar pena. Eso es algo que sólo hacen los seres patéticos. Yo puedo ser un fracasado, pero no soy patético. Tras esta introducción, que espero haya sido concisa, comienzo a explayarme.
Desde que tengo uso de razón, he sido siempre un ejemplo de chico psicológicamente camaleónico. Durante mis quince años de vida, he sufrido y vivido más de lo que debería haber experimentado en tan corto período. La muerte ha sido una parte vital en este hecho.
Y cuando hablo de muertes, no me refiero a las más comunes, por las que suele pasar todo el mundo. He asistido a incontables entierros y funerales, he perdido amigos a manos de lo único inevitable en este mundo, así como he presenciado fallecimientos hasta el punto de, actualmente, no llegar a sentir nada especial al ver morir a alguien importante para mí.
Toda esta mierda marca. Hasta los trece o catorce, fui un chico bastante sociable y cariñoso. Ciertos sucesos pasaron a hacer que, sin convertirme en alguien que odia a todo el mundo, perdiera la iniciativa de conocer gente e, incluso, desarrollara una inoportuna aversión por el contacto físico, aunque existen ciertas excepciones.
Pero como todo envejece, también evoluciona. Esta actitud derivó hacia el existencialismo. Tanto fue así, que temí convertirme en un nihilista sin retorno, ya que hasta hace nada estaba totalmente falto de ambición, intención y ganas de vivir. A menudo, observaba el suicidio como la mejor y única salida para una ya agobiante vida carente de sentido. Aún hoy sigo sintiéndome vacío, sigo teniendo lagunas en mí mismo, aún me falta algo, aunque puede que, por una vez, sepa qué es lo que falta.
¿Por qué Emu escribe todo esto?, pensaréis. Ni yo lo sé. Supongo que es simplemente porque estoy harto. Quizá simplemente deba plasmarlo en una pantalla para recordarme a mí mismo quién soy y por qué soy así. ¿Odio propio? ¿Carencia de autoestima? Muy probable.
Sin embargo...
hace poco me he dado cuenta de que no soy innecesario. Creo que al fin veo un objetivo, una razón por la que vivir, personas a las que admirar, alguien a quien amar. Veo que, realmente, tengo amigos. Que aunque ya haya pasado tanto, aún debo seguir viviendo, aunque sea sólo para rascarme los huevos. Llego a sentirme necesario, querido. Veo que, aunque me odie a mí mismo, aunque todavía no haya llegado a ser íntegramente feliz, aún tengo vida.
Los que hacéis que me sienta así sabéis quiénes sois. Y nunca seré capaz de agradecerlo.
jueves, 2 de agosto de 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)